Donde yo soy tú

Capítulo dedicado al Doctor Cristian Salado y a la Tensergética extraído del libro:

Mis conversaciones con un Arcángel, confidencias de Metatrón.

Todos somos uno

Gracias, entre otras cosas, a mi formación en Tensergética con el Doctor Cristian Salado aprendí que hay un lugar de la conciencia donde somos uno con las otras personas, ese es uno de los motivos por los que se pueden realizar sanaciones a distancia con diferentes técnicas energéticas o con técnicas procedentes del chamanismo.

Ese lugar que yo llamo donde yo soy tú es un punto donde las conciencias de las personas están unidas formando parte de la Totalidad, de ahí que a lo largo de la historia son muchas las culturas o las filosofías que han defendido la idea de que todos somos uno.

Cuando empezamos a entender el sentido de esa expresión y la idea que encierra en su interior, es cuando empezamos a ser conscientes de algo que filosofías de vida como por ejemplo Un Curso de Milagros defienden y que tiene que ver con el hecho de que cuando atacamos a otra persona, en realidad nos estamos atacando a nosotros mismos, pues la otra persona y nosotros formamos parte de una unidad, somos un Todo viviendo una experiencia de individualidad a pesar de que nuestra percepción nos indica lo contrario, que estamos separados, pero hay que ser consciente de que eso solo es lo que percibimos a través de nuestros sentidos, que a duras penas nos dejan ver un pequeño porcentaje de lo que llamamos realidad.

Un poco de historia

Para que entiendas la práctica que voy sugerirte, primero voy a explicarte algo que me ocurrió durante una sesión de terapia energética grupal que estaba realizando en Barcelona, estaba haciendo una limpieza energética con la energía de los Arcángeles que canalizo a un grupo de personas, la sesión se estaba desarrollando con normalidad, tal y como suelen desarrollarse este tipo de sesiones, a lo largo del proceso siempre empiezo realizando una limpieza energética del grupo en su totalidad y luego dedico unos minutos a cada uno de los asistentes, me acerco a cada uno de ellos, les toco en el hombro y permanezco durante unos segundos o minutos, dependiendo de lo que me digan los guías que me orientan durante las sesiones, permitiendo que la energía que recibo vaya a parar a la persona, al hacerlo en esa ocasión sentí que no había diferencia entre la persona que tocaba y yo, la sensación era como si la persona fuera una extensión de mí mismo, una parte de mí de la que hasta ese momento no había tenido conciencia.

Fue una experiencia maravillosa y muy agradable que se repitió con cada una de las personas que allí estaban y que me permitió ver como las barreras entre las otras personas y yo desaparecían, la sensación de barrera de la piel había desaparecido por completo.

Desde entonces he tenido esta experiencia en muchas terapias tanto individuales como en sesiones grupales, creo que cualquier terapeuta que trabaje con energía puede haber experimentado esa sensación aunque sea fugazmente, si no la ha experimentado probablemente sea porque durante las terapias tenga un exceso de pensamientos en la cabeza, porque con el tiempo he notado que ocurre, especialmente, cuando me abandono y permito que la terapia fluya sin interferir con mi mente.

Lo que me marcó de aquella experiencia es su nivel de profundidad, mi percepción ni siquiera era la de pensar en ese punto de la conciencia del que te acabo de hablar, donde yo soy tú, sino que el desapareció por momentos y solo había el yo que nos unía a la persona y a mí en un todo.

Jugar a donde yo soy tú

Para realizar la práctica que te voy a proponer necesitarás un libro físico, no electrónico, este mismo te puede servir cuando acabes de leer cómo realizar la práctica, aunque si lo prefieres puedes elegir cualquier otro objeto en el que puedas apoyar la palma de la mano abierta con los dedos extendidos.

Una vez que hayas seleccionado el libro o el objeto con el que vas probar este juego, te recomiendo que elijas una postura cómoda, lo ideal es que te sientes, luego abre tu mano y apoya la palma y los dedos en el libro o el objeto que hayas elegido, cierra los ojos y respira profundamente al menos tres veces, ahora trata de hacerte a la idea de que las barreras entre tú y el objeto desaparecen, la clave está en que imagines que el libro o el objeto seleccionado forma parte de tu cuerpo, trata de modificar tus pensamientos e incluye en tu conciencia el objeto como si fuera una extensión de tu propio ser, aunque parezca complicado, es más fácil de lo que parece.

Puedes probar con varios objetos, cuando seas capaz de sentir que el objeto y tú formáis parte de un todo, puedes tratar de hacer esta práctica exponiendo otras partes de tu cuerpo a los objetos, por ejemplo, puedes tocar un objeto con el pie, descalzo si es posible, y tratar de buscar la misma sensación.

Cuando ya seas capaz de notar sensaciones con otras partes de tu cuerpo, puedes ir un poco más allá y tratar, por ejemplo, de apoyar tu espalda en una pared y ampliar tu conciencia para sentir que la pared y tú sois la misma cosa. Es una experiencia curiosa y divertida, siempre y cuando te la tomes como un juego, que en realidad es lo que es.

Pero aun podemos ir más allá con este juego, si tienes una mascota que se deje, como por ejemplo un perro porque tal vez un gato no se dejará, puedes probar de hacer lo mismo que con los objetos, pero en este caso observa la reacción del animal, pues lo mismo notas que algo varía en su actitud con respecto a ti, ya que los animales son muy sensibles y puedes notar, por ejemplo, que se siente más unido a ti a partir de la experiencia, pero lo mejor es probarlo sin tener expectativas y sin buscar un desenlace concreto, solo hazlo como un juego.

Pero todavía podemos ir más allá, si tu pareja o algún amigo se atreven a ponerse en tus manos, puedes probar a hacer la práctica con ellos, si se la explicas podéis hacerla los dos a la vez, cada uno poniendo su mano encima del otro o incluso juntando vuestras palmas de las manos y sintiendo que sois una sola persona.

Cuando ya tengas un nivel de experto, que evidentemente conseguirás con la práctica, te propongo otra vuelta de tuerca para que veas que no hay límites y que siempre podemos ir más allá, la idea ahora es hacer exactamente lo mismo que te he ido sugiriendo en las diferentes variaciones de la práctica, pero en este caso sin tocar los objetos, los animales o las personas, simplemente tratando de ampliar tu conciencia e incluir en ella el objeto, el animal o la persona con la que quieras experimentar la unión. Puedes probar incluso a conectar con varias cosas a la vez.

Experiencias más allá de la realidad convencional

Al poco de empezar a jugar con esta técnica tuve dos experiencias realmente impactantes, la primera fue una conexión total con mi casa, estaba tumbado en la cama a punto de dormirme y había estado haciendo algunas prácticas como las que te he explicado, así que decidí probar a incluir toda la casa en mi conciencia como si formara parte de mí y lo cierto es que la sensación fue brutal, sentí de pronto como mi conciencia se había ampliado y como la casa, con cada una de sus habitaciones, formaba parte de mí. La casa y yo éramos uno.

La otra experiencia fue mientras corría por el bosque, estaba en plena carrera cuando sentí de pronto como una expansión de conciencia, es algo difícil de explicar con palabras, lo entenderás si lo has vivido ya en alguna ocasión o cuando practiques con la técnica y veas los resultados por ti mismo, la sensación que tuve fue como si me hubiera fusionado con el bosque, durante unos minutos sentí como si mi cuerpo no tuviera límites y me hubiera integrado con todo lo que me rodeaba, el estado de paz era increíble, durante la experiencia hice varios intentos como para ver si era capaz de localizar mis límites, traté de buscar mi piel con la idea de percibirme, pero me resultaba imposible, porque mi conciencia abarcaba todo el bosque y la montaña, fue una experiencia mágica, porque a pesar de todo lo que estaba experimentando no había ninguna sensación de miedo, simplemente el bosque y yo fuimos uno durante unos minutos. Y mientras corría el bosque corría conmigo como si me acompañara.

Esas dos experiencias supusieron para mí una comprensión muy profunda del concepto de unidad, es algo que no se puede entender desde la mente, solo se puede comprender desde la propia experiencia, es una manera de observar y sentir una conexión muy profunda con todo lo que nos rodea, por ese motivo te animo a que juegues una y otra vez con esta técnica.​

¿Para qué sirve esta práctica?

Te aconsejo que tengas un poco de paciencia, tal vez las primeras veces que trates de hacer esta técnica no alcances a sentir la sensación en su totalidad, si practicas, no tengo dudas de que en poco tiempo vas a poder alcanzar y lograr el objetivo de este ejercicio.

A estas alturas seguramente hay una pregunta que te debe estar rondando por la cabeza y es la siguiente: «¿Para qué me va a servir este juego?» Pues en principio te va a servir para ver que lo que percibimos solo nos muestra una parte de la realidad y que si cambiamos la forma de relacionarnos con las cosas o con las personas también cambia nuestra percepción de ellas. Por otra parte y quizá la más importante, jugar con esta técnica, te irá ayudando a ir integrando el concepto de unidad, el concepto de que todos somos uno, por tanto, te ayudará a tener más empatía y poder entender mejor a los demás, lo que a su vez mejorará tus relaciones personales. No está mal para ser un simple juego, ¿verdad?

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